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14 junio 2006

Libertad de crítica: la derecha de la conspiración enfermiza

Catalunya vuelve a estar en el punto de mira. De nuevo, y van muchas veces. Primero, decían que por insolidarios; después, que por corruptos. Ahora la prensa conservadora madrileña afirma que en Catalunya no hay libertad de expresión. Los incidentes en los actos del PP durante la campaña del Estatut han sido esta vez la excusa para hacer de la anécdota, sin quitarle importancia, la categoría.

Decía el periodista Vicent Partal en una conferencia realizada hace unos años en Barcelona, que uno de los retos que debía resolver la sociedad de la información era la gestión de la complejidad. Por tanto, un reto es huir de la simplificación. En ese aspecto, me gustaría separar algunos aspectos:

· No sé que hay de antidemocrático en que los trabajadores y consumidores de un mercado muestren su rechazo ante los discursos llevados a cabo por el PP en el tema estatutario. Mariano Rajoy visitó el mercado de Collblanc en l'Hospitalet (un seudo socialista de los que hay pocos) y los allí presentes organizaron de forma espontánea una protesta. En otras palabras, le hicieron llegar su crítica por como ha tratado él y su partido la reivindicación catalana (que aunque muchos se engañen no es sólo cosa de políticos). Hay que entenderlo como un acto de crítica política, de discrepancia, y, mientras se lleve a cabo de forma pacífica, más que criticarlo es elogiable. Demuestra un interés ciudadano en los asuntos públicos. El día que nadie reivindique nada, que nadie se queje, será el día en que el desencanto con la política sea definitivo.

· Diferente considero los últimos incidentes en los mítings del PP en Granollers (Rajoy y Piqué) y ayer en Mataró (con el ministro del 11-M y Piqué). En este caso, el grupo independentista Maulets acudió de forma organizada a reventar el acto, y insultos fueron lo menos que propinaron. Si no te gusta como piensan los demás, ¿no tienes nada mejor que hacer que reventar sus actividades? Hace unos meses, en un concierto de Farruquito, parte del público asistente, previo pago de la entrada, le abucheó y le silbó. ¿Para qué pagaron? ¿Porqué impedir a los que han desembolsado una cantidad de dinero disfrutar de un espectáculo cultural? Tampoco hay que simplificar en sentido contrario. Que critique los incidentes ante determinados partidos o artistas no quiere decir que esté a favor de ese partido ni ese artista. Es más, considero a Farruquito un indeseable, pero hay formas y formas de expresarlo. Igual ocurre con el PP. ¿Qué ejemplo de entendimiento, concordia y de normalidad democrática dan Maulets? ¿En qué se creen mejores que el Partido Popular cuando pretenden agredir a Rajoy (aunque sea verbalmente o con huevos) o a Acebes (por mucho repelús que provoquen sus ideas)?

Ya he hablado en otras intervenciones de este tema. La intransigencia de grupos como Maulets (hay más: Alternativa Estel, algunos okupas urbanitas, etc.) no es tan esporádica como parece, si no que se repite a menudo en conferencias en las universidades o en actos públicos. Hay una larga lista de conferencias suspendidas en las universidades catalanas porque el ponente defendía, por ejemplo, el bilinguismo.

Desde una postura de radicalidad democrática no se puede permitir esa coacción. Pero, de ahí, a ver la oscura mano del socialismo catalán en todas las críticas al PP (desde las de Nunca Máis a las de Maulets en Mataró o Granollers, pasando por las del 13 de marzo de 2004) distan dos problemas: uno de esquizofrenia política y otro de simplismo intelectual. En un sistema como el que estamos, todos los países necesitan de un partido de derechas serio (así como uno de izquierdas). En eso, España cojea: tiene desde Aznar la derecha del no perpetuo y de la conspiración enfermiza.

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