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08 febrero 2007

El traqueteo del Estatut

Parece que por mucho que se quiera, el tema identitario nunca va a ser eliminado de la agenda política catalana. Deberían tomar buena nota de ello todos aquellos que hablan de la "etapa posnacional" catalana, de fin de trayecto o de cambio de paradigma en el panorama político del Principat.

El panorama político se sustenta en la división derecha-izquierda y únicamente en esa división cuando el territorio llega a la estación que desea, o lo acepta sin más. En algunas partes de España, Murcia, Castilla, Extremadura, La Rioja, no hay debate identitario porque sus gobernantes ya tienen mucho más poder de lo que deseaban. Hoy en día, ser presidente de comunidad autonóma es mucho más que ser ministro.

La paradoja de la España autonómica es que aquellos que querían el estado plurinacional y la nación tienen la nacioncilla (ya saben, la realidad nacional, la definición de nación catalana en un preámbulo, etc.) y, como no les parece suficiente, están molestos; mientras que los que no querían ni nación, ni autonomía ni tan sólo región, están dando saltos con el pedazito de poder territorial que tienen. Los que han tirado del carro del proceso autonómico lo ven insuficiente; los que no deseaban la autonomía se han vuelto fervientes autonomistas.

Y en éstas, Catalunya se ha colocado como pim-pam-pum del rompeolas español. Catalunya tiró del carro y abrió el segundo proceso descentralizador español. Tocó lo intocable, molestó a banqueros, clérigos, señoritos y militares, recibió golpes a diestra y siniestra, y, pese a aprobar un Estatuto por el 90 por ciento de su Parlament, accedió a recortarlo para recabar apoyos en el PSOE y encajar en la Constitución. Cayeron tormentas, amenazas, un gobierno y toneladas de abstención.

Y después llegaron otros. Andalucía, Castilla, Canarias, Aragón, que aprovecharon el camino abierto para ganar poder autonómico y financiación. Y ahora, después de todo lo llovido, parece que el Estatuto catalán puede ser tumbado por 6 votos a 5 en el Tribunal Constitucional.

Un miembro de este tribunal redactó, como catedrático universitario, un informe a la Generalitat presidida por Jordi Pujol sobre nuevas vías de autogobierno dentro de la Constitución de 1978. Ahora ha sido inhabilitado para votar sobre la constitucionalidad de la reforma catalana. Y parece, a no ser que dimita y el Gobierno lo sustituya por otro, que el Estatut está, más de tres años después de iniciar su traqueteo, más en peligro que nunca.

Montilla prometió "Fets, no paraules" en el Govern. Partía de una base de competencias y financiación que ahora es incierta. Catalunya ha vuelto a abrir el melón, ha recibido los palos y ahora puede verse adelantada por la izquierda por aquellos que se lo miraron desde la barrera. El Dragon Kahn catalán puede empezar de nuevo.

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