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28 agosto 2007

Latinos consumidores

Un reportaje publicado este fin de semana en el Magazine me ha abierto una serie de preguntas: ¿cuándo puede alguien empezar a ser considerado 'ciudadano'?

El citado reportaje trataba sobre el colectivo de los latinos, que constituye en global el mayor grupo immigratorio que ha recibido España en los últimos años, muy por encima de asiáticos, africanos o europeos. Las razones son conocidas por todos: el conocimiento previo de la lengua y el pasado común debido el imperialismo hace que para peruanos, chilenos, bolivianos, colombianos... sea más fácil emigrar hacia España que hacia otros lugares de igual manera que para un algeriano es más fácil ir a Francia que a España o para un indio, paquistaní o afgano resulta más asequible viajar hacia el Reino Unido o Irlanda.

Latinos, ése era el nombre del reportaje, trataba sobre el boom de este grupo como consumidores, que empieza a tener cierto poder económico y por tanto, ya es tenido en cuenta por el capitalismo. Según el reportaje, el recorrido era el siguiente: primero llegaba la mano de obra (el cabeza de familia que sale a buscar una vida mejor para él y su familia y encuenta un sin fin de problemas laborales, de extranjería...), después su familia (a través del reagrupamiento familiar, lo que comporta una necesidad de servicios públicos importante, como sanidad, educación, vivienda...) y, finalmente y después de años de penurias, llegaba el consumidor, que a través de su moderado poder adquisitivo, empezaba a ser atractivo para bancos, cajas, supermercados, agencias de viajes y un largo etcétera. Del poder adquisitivo al atractivo comercial y de ahí al respeto ya queda poco.

El capitalismo es un sistema basado en el intercambio de servicios a cambio de una ganancia económica. El consumismo es la gran consecuencia de ello, el instrumento que da caché social al consumidor, reconocimiento e incluso el sentimiento de no sentirse inferior a nadie, de formar parte de la sociedad.

Parece que la categoría de 'ciudadano' ya no depende tanto de los derechos civiles y políticos de las personas, si no de su capacidad de gastar. No hay racismo, hay un maquillado clasismo a través del cual es admirable la historia del millonario futbolista negro y detestable el vecino magrení de abajo de la puerta.

Por lo que parece, el colectivo latino (qué miedo debería dar generalizar tanto) gana reconocimiento social gracias a su creciente capacidad de gasto. Ya son menos inmigrantes y más nouvinguts. Pero dónde quedan las personas de aquí y de allí que no llegan a consumidor? En la siempre existente pero desconocida exclusión. No consumen, no existen.

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